El Sueño de la Niña
Los Años han pasado sin pedir permiso, me pregunto: ¿dónde quedo la niña que soñaba? ¿la niña que hacía planes? ¿la niña que no se decidía que carrera elegir, maestra, detective, azafata, cantante, bailarina…? Tan lejos se encuentran todos esos sueños y sin embargo a veces casi me acarician porque están tan cerca.
A través del camino recorrido descubro que soy maestra, porque la vida siempre me beneficia con la oportunidad de enseñar algo de lo aprendido.
Soy detective, porque me gusta investigar concienzudamente sobre distintos temas que hacen de mi vida un paraíso, a veces no me alcanza el tiempo, el alma, los oídos, la vista… para descubrir y asimilar todo lo que el universo pone a mi disposición, en el lugar y el momento oportuno.
Soy azafata, porque sigo volando, mis alas siguen creciendo y en ese vuelo disfruto del cielo que Dios me va mostrando pacientemente.
Soy cantante, porque todas las mañanas le canto a Dios, a la vida, al amor y mi garganta se hincha en ese infinito placer de agradecimiento y éxtasis que se produce en mí cada mañana cuando despierto y al verme de pie, brotan mis ganas y voluntad para continuar entonando mis melodías preferidas.
Soy bailarina, porque mi cuerpo se mueve al compás de la música que producen el canto de los pájaros, el movimiento de los árboles, el sonido y los aromas de la naturaleza, en este concierto armónico es donde despliego mis dotes artísticas, un escenario preparado para mi continúo gozo.
Cada día puedo celebrar que todo cuanto he soñado se manifestó en abundancia de amor y de fe, se plasman una y otra vez todos mis oficios, porque la realidad en la que transito me supera, me colma, me completa, me satisface, me hace inmensamente feliz.
Gracias, gracias, gracias señor por permitirme ser quien soy, este ser, alma, espíritu, que busca y encuentra, que no se conforma, continúa caminado, soñando, eligiendo, bebiéndose la vida, el amor, la verdad...
Sabiendo que soy parte del todo y todo es parte de mí, me completo con el universo, mi cosecha fue fecunda y no hay límites para seguir recogiendo tus bienes, mientras mi tierra sea fértil continuaré cultivando tus enseñanzas.
Te amo señor mío, estoy satisfecha, pues al encontrarte me encontré, no estoy sola, nunca lo estuve y jamás lo estaré. Simplemente sucede, tú me sostienes en la inmensidad amor.
Brindo por mí y por todos los seres que me acompañaron y acompañan mi crecimiento. Algunos compartirán conmigo estas palabras, otros quizá no lo entenderán, no es lo importante, lo importante es recordar quien soy y quien eres.
Om Shanti